Sabueso Fino Colombiano

4-2026 RECONOCIMIENTO PROVISIONAL POR LA FCI

Denominado también: Tinajero, Chapolo, Bramador y Aullador, es una raza canina autóctona, proveniente de una población canina que comparte rasgos propios, tanto físicos como utilitarios, que se han venido fijando por selección funcional.

Un sabueso desarrollado a partir de los perros de cacería que han ingresado a nuestro país a lo largo de la historia, y que desde la época de la conquista y gracias a las adaptaciones y peculiaridades de uso y clima evolucionó para convertirse en el perro tradicional de cacería de los campesinos colombianos. Reconocido y presente en la memoria de campesinos y personas del común que tengan lazos con el campo, se puede rastrear memorísticamente, por fotografías y relatos hasta hace unos 200 años.

La historia

La historia del sabueso fino colombiano empieza por lo menos un siglo después de la llegada de los españoles al nuevo mundo con Fray Luis Zapata de Cárdenas quien fue el primer arzobispo de Nueva Granada y quien murió en 1590 después de una larga cacería en el páramo de Sumapaz. Fue dueño de una finca en Bogotá por donde bajaba un riachuelo de las montañas orientales que hoy conocemos como el rio del arzobispo.

Se deduce de libros conocidos (El Carnero, por ejemplo) que desde 1550 hasta 1800 se trajeron a Colombia y los países andinos antiguos sabuesos de origen español para cazar roedores, galgos para cazar venados y perdigueros para cazar patos (como era el caso del virrey Solís), y luego cuando la campaña libertadora empezó, donde intervino la legión británica con su batallón de cazadores, ingresó a la región una nueva raza de perros británicos: los antiguos Fox Hound.

Documentos existentes, posteriores a la independencia colombiana, comentan que los ingleses introdujeron, además de Fox Hound, el pointer inglés para cazar aves, pues se tenía noticia de que la sabana de Bogotá era rica en patos y aves migratorias, de manera que la caza del pato zambullidor se convirtió en un pasatiempo para los soldados ingleses de la independencia, criollos y europeos.
La jauría más grande de que se tenga noticia correspondía a don Luis Agudelo, soldado de la independencia y dueño de la finca “Cedritos (o el Cedro)” en el norte de Bogotá. Cuando sus enemigos destruyeron su finca se llevaron sus perros posiblemente hasta Tuluá (Los llevó el negro Victoria), dejándolos regados en todo su recorrido.

En la noche septembrina donde Simón Bolívar se salvó de ser asesinado por sus opositores, un par de perros finos que servían de guardia a la entrada de la casa traídos de Pichincha dieron la alarma. La tradición oral, dice que el 6 de agosto de 1819 en la noche, justo un día antes de la trascendental batalla de Boyacá, Bolívar ordenó a un soldado amarrar una perra en el sitio del campamento para que el ejército real la escuchara ladrar mientras ellos se dirigían a preparar la emboscada en el puente de Boyacá, es posible que esta perra hubiera pertenecido al coronel inglés Jhon Johnstone, de quien se sabe era un aficionado potencial a la caza con sabuesos de rastro. Ya en la era república algunos personajes como Tomás Cipriano de Mosquera, Guillermo León Valencia, Ciro Ramírez Gálvis y un montón de senadores mantuvieron perros finos en sus fincas y se practicó la caza deportiva hasta que la ley la prohibió.
La difusión fue amplia, aun después de la diáspora producida por la violencia partidista (10 guerras civiles entre 1819 y 1948) no existe un solo pueblo o ciudad colombiana donde no se pueda ver un sabueso fino colombiano, normalmente están en las veredas donde se les emplea en la difícil tarea de proporcionar un pedazo de carne para la familia, porque las condiciones de pobreza en el campo así lo exigen.

Allá por la década del cincuenta cuando las importaciones de perros de “mejor sangre” empezaba a producirse no había un solo rancho campesino que no contara con un ejemplar, hoy están escaseando los ejemplares más representativos y cuando alguien los anuncia en los clasificados los llama “sabueso español” o “azul de gascuña” como avergonzándose de lo que ha sido nuestro desde hace más de trescientos años.

Posible origen de la raza

Los cronistas de la conquista cuentan que el primer perro introducido por los españoles fue el alano español(1), Patiño dice que los españoles introdujeron galgos, sabuesos y podencos, Roberto Páez apunta que los españoles traían consigo lebreles “y otros géneros” de perros, Hamilton dice que los ingleses trajeron consigo raposeros (ancestros del actual Fox Hound), pero atenidos a que en la guerra de la independencia de Colombia había un batallón británico llamado familiarmente “cazadores” podemos intuir que la adopción de este nombre no era una simple coincidencia, a este pertenecía Jonh Johnstone, y por lo tanto estos soldados llevaban un buen número de perros de razas inglesas, antiguo Fox Hound en su mayoría y algunos antiguos pointer, como lo hizo Hamilton y como lo deja entrever Joseph Brown en sus acuarelas de la cacería de patos en la sabana de Bogotá.

El aislamiento y los focos genéticos

El fenómeno de aislamiento geográfico colombiano debido a la escasez de medios de transporte, ausente en otros países latinos, influyó notablemente en el desarrollo de la raza, fueron más de 300 años de aislamiento casi absoluto, de manera que podríamos hablar de la aparición de varios focos genéticos del sabueso colombiano y que pudieron haber derivado en la diversidad de sabuesos existentes hasta los años 70´s.

Podríamos hablar de focos genéticos como el de la hoya rio Suarez, los llanos orientales, llanuras del rio cauca, las montañas antioqueñas, la costa atlántica, las llanuras del sinú, el rio magdalena bajo, rio magdalena alto. Ya para los años 70´s con la reducción de la violencia partidista, se pudo llevar a cabo la construcción de vías de comunicación casi todo el país (65%) y se vio que los campesinos de trasladaban con sus animales de un lado a otro con menos dificultad. Pero también es cierto que entre los años 1948 y 1962 la trashumancia del sector rural al urbano fue de cerca del 30% del total de la población colombiana, lo cual degeneró en la superpoblación de las grandes ciudades y la aparición de pueblos fantasmales en los campos, la riqueza genética canina perdida por este hecho no se podrá calcular.

En ciudades atiborradas de campesinos en condiciones de pobreza no fue posible la existencia de sabuesos y la cacería como un pasatiempo paulatinamente ha venido desapareciendo, pero aún se conservan.

Fuente: https://accc.com.co/fino_colombiano